Annukka13

“La guerra de los número, bancarrota mundial”, por Eduardo Martín

Nadie hubiera creído en los primeros anos del siglo XXI que a nuestro complejo y ordenado mundo le podía ocurrir lo que, de hecho, le ha ocurrido esta mañana: el desplome histórico y sin precedentes de la bolsa de New York y con ella de todas las bolsas del mundo económico desarrollado. La inteligencia y la capacidad organizativa del hombre han sido puestas en entredicho como nadie antes lo podía haber imaginado. Siglos y siglos de avances científicos y tecnológicos y de construcción de sociedades cada vez más perfectas se vienen abajo con la bancarrota del sistema financiero mundial. Algo imprevisible a los ojos del ciudadano medio, del banquero y del experto “broker” estaba fraguándose mientras los hombres se ocupaban de sus diversos asuntos sin ser conscientes de lo que en realidad estaba por suceder. En este caso, no eran los alienígenas los que nos vigilaban y estudiaban, quizá tan detalladamente como un hombre con un microscopio podría observar las pequeñas criaturas que medran y proliferan en una gota de agua, como en la novela de H. G. Wells La guerra de los mundos. Esta vez eran los grandes números y las descomunales e inimaginables cifras las que estaban calculando nuestro destino haciendo no sólo verdad la afirmación pitagórica de que las cosas y la realidad son números, sino mucho más que eso. Estos números o inteligencias inmateriales nos controlaban y nos vigilaban en la sombra. Con infinita complacencia, los hombres fueron de un lado a otro del planeta ocupándose de sus pequeños asuntos, seguros de su dominio sobre la materia, sobre la realidad y sobre el mercado. Tal vez los microbios que vemos en el microscopio hacen lo mismo. Nadie pensó que este mundo de números pudiera ser fuente de peligro para la humanidad. Sólo pensamos en ellos para utilizarlos como instrumentos para medir y contar una realidad que cada vez se convertía más en una imagen y semejanza del mundo humano, haciendo buena la afirmación de Protágoras de que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Resulta difícil aceptar los hábitos mentales de nuestros días y asumir una situación que se nos ha ido de las manos. Entonces, en tal día como hoy, se produce un gran crack económico y financiero que colapsa y paraliza el quehacer diario de la humanidad y cuyas consecuencias devastadoras todavía hoy desconocemos. La idea ilustrada de un progreso hacia un mundo mejor ha llegado definitivamente a su fin y comienza una época de decadencia que hará hundirse a la civilización hasta sus propios cimientos. Sólo queda esperar que el hombre renazca en un futuro cuan Ave Fenix de sus propias cenizas pero una cosa será cierta: el mundo y la historia de la humanidad tal y como la hemos conocido hasta hoy ha llegado a su fin y el nuevo mundo que está por nacer será tan nuevo y original que todavía hoy es de por sí inimaginable.

El potencial destructivo de los riesgos financieros globales se ha manifestado en el día de hoy con una fuerza dantesca y descomunal. La fecha del 30 de Octubre de 2008 pasará a los anales de la historia con más fuerza si cabe que la de los estallidos de las dos guerras mundiales pero con una gran diferencia. En este caso no sabemos exactamente quién es el enemigo y a quién nos enfrentamos. Todo este “crack” financiero se ha convertido en una maraña de cifras y números difícilmente descifrable. Sólo sabemos que ese riesgo financiero que nos hacía anticipar el futuro ya en el presente ha provocado que viviéramos por encima de nuestras posibilidades reales en unas ficticias sociedades en continuo crecimiento. La capacidad de autoengaño del hombre ha demostrado tener unos límites incalculables. El gran optimismo de la cultura y la sociedad llamada postmoderna o postindustrial se invierte ahora en pesimismo, miedo y una completa imprevisión. La supuesta racionalidad del ser humano y su capacidad de explicar y predecir la realidad que está por venir es puesta en duda ante la magnitud de las cifras que se están destapando y descubriendo en los últimos días. La imposibilidad de calcular los riesgos financieros es producto de una destacada incapacidad de conocer. Ahora son muchos los que caen en la cuenta del error de haberse dejado guiar por esa irracional pseudociencia que es la economía idealista. Si Kant levantara la cabeza no daría crédito. A Nietzsche le entraría una risa irónica y maliciosa.

Una vez desaparecida la alarma weberiana del mudo despotismo de la racionalidad técnica y burocrática, lo que ha angustiado al ser humano contemporáneo es el presentimiento de que las formas de organización de nuestras necesidades materiales y nuestras obligaciones morales puedan rasgarse y de que se hunda el sensible sistema operativo de la sociedad globalizada en la que vivimos. Lo que para Weber, Adorno y Foucault era el horror de una racionalidad perfecta controlando un mundo administrado es una promesa fuertemente anhelada para las víctimas potenciales de los riesgos financieros que, en realidad, somos todos. Nadie se libra. Parece que de buenas a primeras todo el mundo abdica de su libertad duramente conquistada a lo largo de la historia de nuestras sociedades para ponerse al rebufo del calor del “Todopoderoso Estado Benefactor”. Muchos podrán anhelar ahora esa ya antigua racionalidad controladora para que ponga orden y control en los desmanes que han estado sucediendo y, sin duda, seguirán sucediendo en el futuro más cercano que está por acontecer. Pero ya es demasiado tarde para dichos anhelos porque las causas de lo que se nos viene encima se han globalizado y mundializado, y ya no pueden ser controladas y manejadas por ningún centro de poder político y burocrático, a pesar de los denodados intentos de todos los gobiernos por coger los timones de un barco que va a la deriva y sin rumbo. Los capitanes ya no gobiernan el barco, sino que es el mar el que nos dirige y nos lleva.

Se ha declarado el ESTADO DE EXCEPCION MUNDIAL, ese del que habló Carl Schmitt descubriendo en el un maravilloso potencial político regenerador cuando este es inducido por riesgos reales. Conocemos en nuestra historia relativamente reciente sobrados ejemplos de declaración del estado de excepción en Estados pero nunca nos habríamos podido plantear que el estado de excepción se pudiera declarar a nivel mundial. Pero cobra sentido su aplicación a escala planetaria si tenemos en cuenta que las causas y las consecuencias de esta bancarrota mundial no pueden ser entendidas sino a una escala planetaria. Pero dejémonos de reflexiones filosóficas y pasemos a detallar qué acontecimientos han ocurrido y cuáles están por venir en un efecto dominó imparable:

  1. Los Estados declaran no poder pagar los sueldos de todos los funcionarios públicos. Por tanto, todos los servicios públicos de sanidad, educación, justicia, etc., quedan suspendidos. En el caso de la sanidad se establecerán unos servicios de emergencia que aún están por determinar.
  2. Los bancos han cerrado sus puertas y paralizado su actividad por falta de liquidez. Los cajeros no funcionan pues no tienen dinero. Durante toda la mañana las colas en los bancos de gente retirando sus depósitos han sido continuas y han provocado un caos y un pánico absolutos. Ni siquiera podemos saber el valor real de monedas como el euro y el dólar por su fuerte devaluación. ¿Volveremos de nuevo al trueque como nuestros antepasados?
  3. Los precios de los artículos de primera necesidad han multiplicado hasta cinco veces su valor y lo peor está por venir porque el suministro de alimentos y otros artículos no está asegurado. Casi nadie puede comprar y vender con dinero.
  4. Muchos estados se plantean liberar de las cárceles a los presos menos conflictivos y peligrosos para así concentrar los pocos recursos que se disponen en controlar a los verdaderamente peligrosos. Una peligrosa anarquía se está adueñando de las calles… ¿es la guerra?